Que te quiero

Si tengo que elegir entre quererte o tenerte,
elijo quererte aunque no te tenga.

Porque pocas cosas quedan tan lejos,
poco es menos que pensar en tenerte.

Hay quien no sabe que ya te quería antes de pensarlo.
Por eso no me falta nada, porque tengo lo que necesito, quererte.

Por favor, nunca olvides que no eres de nadie que no te quiera. Porque tu hábitat es que te quieran, no que te tengan. Porque sabiendo que no eres mía, se puede llegar a quererte eterna.

Que te quiero así, no mía, pero siempre tuya.
Que te quiero así, tan tú que sin quererte también soy.
Pero no quiero.

[ Panerígico a los valientes;
para quienes quieren bien, muy pero que muy bien. ]

Elegancia eres tú

¿Qué es la elegancia si solo sabemos vestirnos con ella?.

Pero quizá no te has dado cuenta de lo elegante que estás cuando eres feliz y no al revés. Que muchas veces pienso que no tengo ni idea de lo que es la elegancia, hasta que claro, te veo feliz.

Porque elegancia podría ser tu calma en medio de un ataque de ira. Pero claro, quién iba a pensar que eso es elegancia.

Pues sí, si que lo es.

Como cuando veo que te quedas al margen porque sientes la necesidad, cuando gestionas tu ausencia ayudando a otros.

Es elegancia.

Cuando te quedas dentro de unos ojos cerrados, porque eres casa. Porque eres un lugar donde quedarse a vivir, un hogar donde siempre volver.

Es elegancia.

Cuando eres lo suficientemente honesta como para quitártelo todo menos lo que eres. Porque lo que eres es lo único que tienes, es todo lo que me gusta.

Es elegancia.

Cuando tienes esos abrazos y sonrisas a los que siempre volver, porque algo estás haciendo bien, muy pero que muy bien. Y qué suerte tienen.

Es elegancia.

Cuando decides cambiar las cosas que dicen que son, por cómo tú quieres que sean. Por cómo eres, así, tan tú.

Es elegancia y me encanta(s).

Elegancia es que te pongas de moda, porque dicen que no te pareces a nadie. Que no seas de nadie, como cuando dices sí a todo lo que se plantea tu sonrisa.

Ya sabes, sé tú y ponte elegante.
Ponte de moda

©Eloy Cánovas

Dure lo que dure

Tendríamos que dejarnos “estrellar” más por lo fugaz, de lo que todos dicen que es efímero porque no dura. Si, de eso.

Muchos de nuestros recuerdos son fugaces, pero si los valoras por todo menos por fugaz, claro, eso ya es otra historia.

Y eso es lo que nos pasa.

Preferimos el beso dulce de una promesa,
en lugar de un escalofrío que desincroniza los latidos.
No, no es el mismo beso.

Preferimos un viaje planeado para encantar,
a que nos encanten con una escapada a ningún sitio.
Pero oye, qué escapada.

Por eso no podemos hacer como si nada,
cuando tus recuerdos te dicen que fue todo.
Todo en tan poco.

Porque eres recuerdo antes de que te tengan,
porque importante es si una vez te tuvieron.
Durase lo que durase.

©Eloy Cánovas

Sin tu permiso

¿Sabes?, si, que si sabes.

Que se hace un ovillo, y no, no es porque le duela la tripa.
Que ya no se muerde el labio al verte, porque no, ya no.
Que ya no tiene nada que decir, porque no, ya tampoco.
Que está agotada de lidiar con sentimientos, que no, que ya no conducen a ti.

¿Sabes?, y tú sigues preguntándole qué le pasa.

Dale tiempo y verás.
Verás que ya no se morderá el labio contigo,
pero apretará los dientes sin ti.

Que tomará la decisión de ser feliz, abandonando la desdicha.
Y a ti, a ti también.

Dale tiempo para levantar el vuelo,
y tendrás la respuesta a todas tus dudas.

Y todo, todo, sin tu permiso.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de Courtney Wirthit ]

Solo eso, solo sexo.

¿Sabes qué ocurre cuando solo tienes sexo?.
Si, cuando solo lo haces por deporte.

Cuando solo te dice que te quiere, así, por sistema.
Cuando solo arrugas las sábanas y no el corazón.
Cuando todo, todo, desaparece por el desagüe de la ducha.
Cuando todo termina, cuando acabas.
Cuando no te espera para desayunar juntos.
Cuando no echas de menos, porque no te sujetaste fuerte.
Cuando quieres más, pero te conformas con un trozo.
Cuando te da las gracias, si, las gracias.

Que todo parece lo de menos, porque no llegó a más.
Que no te invade, porque llega y se va.

Ocurre solo eso, solo sexo, solo soledad.
Nada más.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de ©TEBO ]

Brilla(s)

Quizá no lo recuerdes, pero te conozco desde que me hice pasar por uno más. Porque eso es lo que hago, ser uno más.

Te conozco desde que por primera vez te vi con ganas de verte. Contigo agudice la discreción, porque no quería que vieras en mi las ganas de ser las tuyas.

Nunca te lo he dicho, pero he llegado a verte al sur de la estrella polar, junto a Casiopea, justo cuando decías que no brillabas.

He notado tú respiración en mi clavícula, justo cuando decías que no te quedaba aliento para seguir adelante.

He visto en tus ojos los cimientos que erigen un monumento, justo cuando decías que eras insostenible.

He visto en tus manos unas uñas pintadas de un perfecto rojo, justo cuando te lamentabas por no ser las ganas de nadie. Si, nuestro rojo.

Te he visto valorar a personas que te quieren, con la certeza de que no son las mismas que tú quieres. Y eso te honra.

Por eso sigo aquí, porque podría pedirte muchas cosas, pero prefiero darte todo lo que tengo. Sé que nunca me pedirás aquello que pides a otros, pero puedo darte lo que necesitas para que dejes de pedir.

El amor propio de saber que puedes volver a brillar, porque vienes de donde vienes.

El amor propio de que siempre te tienes como primer y último aliento, porque vienes de donde vienes.

El amor propio de ser los cimientos de toda la gente que te quiere, tu gente, porque vienes de donde vienes.

Y a cambio,
me darás la certeza de saber que si levanto la vista, puedo presenciar el maravilloso espectáculo que eres capaz de hacer.

Sí, me lo debes.

©Eloy Cánovas

– Ilustración de Kerby Rosanes

Arritmia

Yo no soy de piedra.
A mí me ganas con casi nada,
y me pierdes por un montón de cosas.

Soy más bien de cartón, de un gramaje fino y endeble.
Que con la tempestad de una tormenta, me quedo en nada.
Pero con la brisa y un poco de calor, vuelvo.

Se me da mal aparentar lo que no soy,
pero se me da peor fingir que me arrepiento.

Desde que empecé a pedir ayuda en lugar de tanto perdón,
gané dos latidos por ‘sentimiento’ cuadrado;

Las ganas de volver a volar,
tus ganas de verme hacerlo.

Y así olvidé mi arritmia con la vida,
el miedo como excusa para no ser feliz.

Gracias por hacerme sentir,
que es posible conmoverse por estar vivo.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de Dan Cretu ]

Vulnerable

Es demasiado como para idealizarlo en el primer tropiezo,
demasiado valioso para malgastarlo en quien no te importa.

Si lo encuentras en el aire, podrías llenarte los pulmones.
Si lo encuentras bajo tierra, puede servirte de abono.
Pero si lo encuentras en una casita del árbol, podrías quedarte.

Hay quien destroza todo a su paso con tal de encontrarlo,
porque un día alguien dijo que se encontraba en el interior.

Puede llegar a ser vulnerable cuando siente,
y puede ser muy superficial cuando dice que siente.

Es demasiado bonito como para tomarlo con calma,
demasiado libre como para llegar a dominarlo,
demasiado fugaz como para seleccionarlo.

Si, hablo del amor.
O de ti, lo mismo es.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de Lauren Lee ]

Yo también he sido pasado

Yo también he sido pasado, un pasado imperfecto, claro.

Puedo decirte que he llegado a morderme bien fuerte con un ‘te quiero’ que no sentía. Si, acabas escupiendo sangre, pero cuando eres joven no piensas que la razón es aquí, yo mismo.

He llegado a jurar amor eterno a quien lo merecía de otro, si, de cualquier otra persona, pero de mi no. No lo hacía por su bien, sino por el mío.

He olido a humo de otras brasas, porque pensaba que no era para tanto. Porque aunque me dieran todo lo que tenían, mis escasos valores no me permitían ver que el fondo está por encima de las apariencias.

He devuelto el corazón calcinado a quien me lo entregó sin condición, a manos llenas, en una sola jugada donde siempre acababa huyendo de cualquier responsabilidad. Demasiado grande para alguien tan efímero.

He roto sueños que no eran míos, porque era un soñador pequeño, incapaz de ver que mi problema podría ser el sueño de otra persona.

Y aunque en mi defensa puedo decir que siempre pedí perdón, tengo que decirte que no sirve de nada. Pedir perdón mientras se desangra no corta la hemorragia, no te borra de la escena del crimen.

Y en esto llegué a ser. Quiero que lo sepas, lo que hoy soy, lo soy porque fui herida y cicatriz de otros.

No soy quien finge arrepentirse de los errores, solo me arrepiento de haber sido un mero sentimiento placebo en lugar de ser apósito de felicidad. Qué menos.

En mi madurez, solo puedo decirte que no arreglas nada pidiendo perdón. No pidas nada, porque después de aquello no tienes derecho.

Pero sí puedes hacer algo, una mejor versión.

Demuestra que hoy eres quien eres, gracias a quienes apostaron por ti. Ellos te dieron un trozo de sus vidas para que entiendas, que los mejores consejos para triunfar en la vida, fueron antes errores sin madurar.

Devuélveles ese favor, es la única manera de que te perdonen, la única manera de pedir perdón.

©Eloy Cánovas

Personas

Aunque cueste aceptarlo, en muchas ocasiones decidimos lo que nos ocurre cuando nos rodeamos de ciertas personas. Tener ganas y que te tengan, ocurre menos de lo que nos gustaría. Pero ocurre, cuando conspiras, ocurre.

Por eso hay personas donde bien podría uno quedarse a vivir.
Qué bonitas ellas, que incluso sin haberlas tocado aún, te quitan algún sueño que otro. Y que otro más también.

Qué bonitas son las personas que no quieren parecerse a nadie.
Las que te enseñan lo que nunca habías visto de ti.
Las que captan la magia sin tratar de descubrir el truco.

Qué bonitas son las personas que te quieren, sin saber para qué.
Las que entienden el dantesco lenguaje de los ojos tristes.
Las que están y creen en ti, si, aunque te equivoques.
Las que de alguna manera te hacen perder la razón, y no la fe.
Las que no piden nada, y sin embargo lo dan todo.

Y qué bonit@ eres tú si tienes alguna de estas personas cerca.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de Kerby Rosales ]