No olvides dedicarle más vida al tiempo

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Que no se te pase hablar de sueño sin pensar en dormite.
Que lo prometido no es deuda, es neura; cumplelo.
Que el amor sin amor, el café sin cafeína, el postre sin dulce y así, la vida va muy amarga.
Que la mayor locura que puede hacerse por amor es salir ileso.
Que en ningún sitio estarás mejor que “esperando a que se me pase”.
Que disfrutar de los pequeños detalles es lo de más.
Que la constancia sirve para algo más que mantenerte ocupado.
Que no olvides dedicarle más vida al tiempo.
Que quedarte al margen es un truco de belleza infalible.
Que hacer las cosas en su justa medida lo hace todo más mediocre.
Que cuanto menos sepan de ti, más sabrás de los demás.

Vamos, que no es por arruinarte el final, pero todo va a salir bien.

©Eloy Cánovas

 

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A la tristeza no se la adereza,
se come cruda y al punto de sal.

Cuenta conmigo si te sobra un cubierto,
o dos, o ninguno.

Pero cuenta, que te oiga, que te quiero.

©Eloy Cánovas

De lo que leas, la mitad. De lo que sientas, todo.

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Prefiero morir roto donde la curiosidad me lleve, que morir hastiado de conocimientos de otros.

Prefiero despertar entre el miedo y la angustia del “no soy capaz” que anestesiado por la droga dura del “todo irá bien”.

Prefiero (y mil veces) una puta realidad que una maravillosa mentira.

Prefiero tener un fuerte carácter, que ser carne de maltrato por no tenerlo.

Prefiero creer que la autoestima no consiste en confiar en que todo te va a salir bien, sino en que no te vas a hundir si algo te sale mal.

Vamos, que me encantaría decirte que…
De lo que leas, la mitad.
De lo que sientas, todo.

©Eloy Cánovas

Tu (la) sonrisa

Libro “La amplitud de una nevera americana” de Pedro Andreu

A la vida hay que sacarle los dientes;
unas veces para sonreír
otras para morder
y casi siempre para comerte el mundo.

No hay mayor escultura que la que dibujan tus labios cuando ríes, ni mejor escultor que tu propia felicidad.

©Eloy Cánovas

El arte de soltar

El arte de soltar

El arte de soltarSi cambiaste de almohada,
de colchón, incluso la dieta.
Pero te sigue doliendo…

Es posible que me encuentres en el exceso de pasado que tienes como equipaje de mano.
Atentamente; Tu tortícolis

©Eloy Cánovas

Fue bonito mientras duró…

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Yo una vez tuve una, de madera…
Me la arrancaron en un sueño dulce
así, sin avisar.

“Fue bonito mientras duró” dijo…
Joder, me dejo cojo (y jodido).

Y así anduve, con una astilla clavada en el muñón.

No sé quién tendrá mi antigua pata de madera,
no sé quién andará con una pata astillada,
pero duele y mucho…

Hoy tengo una pata nueva,
esta vez no es de madera, sino de flores.
Si la pierdo, al menos dejará un rastro,
un rastro de flores marchitas
y no una dolorosa cojera.

©Eloy Cánovas
(Fotografía: Iván Noble)

Hoy el mundo te recuerda…

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Hoy el mundo te recuerda.
Dicen que es tu día, qué extraño…

Te fuiste pronto, muy pronto.
Empezábamos a conocernos, y aún sin que estés
ya te conozco de toda la vida.
Pero tengo nostalgia,
te fuiste cuando lo mejor estaba por llegar,
sin ver mis ojos al verlas a ellas,
sin ver los de ellas cada vez que les hablo de ti.

¿Pero sabes qué?.
Ellas ya te conocen de toda la vida,
y yo a la vida la conozco contigo.

Dicen que no tengo remedio, es verdad.
Solo sé que quiero irme tarde
para no volverme pronto.
Esto es demasiado bonito, demasiado bello.

Y esto, me lo has enseñado tú.
Gracias papá.

©Eloy Cánovas

Afortunadamente…

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Cómo es la vida.
Llega ella, así, sin permiso
y nos tira la casa…

Para darnos cuenta que sus cimientos estaban podridos.
Podridos del peso de los días,
podridos de nuestras costumbres,
de nuestras creencias.

Alguno diría “qué vida más puta”.
Yo digo, “afortunadamente”.

©Eloy Cánovas
 
(Foto: Libro “Intranerso” de Carlos Miguel Cortés)

 

Así, como si supieras quién trae hueso, espinas o mariposas.

Hace unos días en una cafetería habitual, escuché una conversación entre dos mujeres; Madre e hija.
La madre recriminaba con dureza los fracasos sentimentales que su hija lleva a cuestas.
Ella ahí estaba, visiblemente afectada y aguantando las críticas como buenamente podía y sin replica.

Así, como si pudieras elegir con quién abrirte el pecho en canal.
Como si supieras quién puede hacerte temblar las piernas en un solo cruce de miradas.
Como si supieras quién trae hueso, espinas o mariposas.

Y ahí estaba la madre, erre que erre.
Machacando emocionalmente a su hija como si nunca se hubiera raspado las manos en un tropiezo.
Me marché antes de que terminara aquella “masacre emocional” propio de un dinosario, pensando
“Qué güevos tienes HP…”

 ©Eloy Cánovas
(Fotografía: Sara Buho)

Sara Buho


Un/a “ex” es para toda la vida.

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No, no puedes decir que lo fue…

Si hubieron calambres..

Si hubieron silencios acomodados..

Si arrugasteis sábanas..

Si bailabais en la cocina mientras subía el café

No, no puedes decir que fue un error..

Si llegábais tarde para encontraros pronto..

Si arañabais el tiempo (y el sueño) por los dos..

Si perdísteis por no perderos..

No, no puedes decir que no valió la pena..

Si derramasteis lágrimas de impotencia..

Si os echábais de menos (y después de más)..

Si supisteis que cualquier tiempo pasado fue mejor..

Si dejasteis de sentir donde antes hubieron mariposas..

No, no puedes decirlo…

Simplemente dí que alguien presumía tener unas alas

muy muy de puta madre

pero muy muy poquitas ganas de echar a volar.

Un/a “ex” nunca es un error, es para toda la vida.

(Fotografía: "El sexo de la risa" de IreneX)