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Personas

Aunque cueste aceptarlo, en muchas ocasiones decidimos lo que nos ocurre cuando nos rodeamos de ciertas personas. Tener ganas y que te tengan, ocurre menos de lo que nos gustaría. Pero ocurre, cuando conspiras, ocurre.

Por eso hay personas donde bien podría uno quedarse a vivir.
Qué bonitas ellas, que incluso sin haberlas tocado aún, te quitan algún sueño que otro. Y que otro más también.

Qué bonitas son las personas que no quieren parecerse a nadie.
Las que te enseñan lo que nunca habías visto de ti.
Las que captan la magia sin tratar de descubrir el truco.

Qué bonitas son las personas que te quieren, sin saber para qué.
Las que entienden el dantesco lenguaje de los ojos tristes.
Las que están y creen en ti, si, aunque te equivoques.
Las que de alguna manera te hacen perder la razón, y no la fe.
Las que no piden nada, y sin embargo lo dan todo.

Y qué bonit@ eres tú si tienes alguna de estas personas cerca.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de Kerby Rosales ]

Un día sin sonreír

Que no te engañen, ya está bien.
Un día sin sonreír no es un día perdido. Es solo un día en el que decidiste no hacerlo, las circunstancias decidieron que no, hoy no.

Y no pasa nada, porque si los buenos días no lo explican todo, quiero que sepas que los malos, tampoco.

Pregúntale a tus padres y abuelos si algún día perdieron el tiempo contigo porque no sonreían. Pregúntale si sobrabas a quien tuvo tu hombro de apoyo mientras estaba rompiéndose en pedazos.

Dime, dime si piensas que sobrabas cuando estuviste en el ocaso de su vida. Dime que no mereció la pena haberte despedido de quien ya no está.

Dime si de todo lo que amas hoy, tuvo algo que ver con aquel día en el que te devolvieron el corazón calcinado porque lo dejaste en manos que no conocías.

Ya basta, no se pierde un día que utilizas para recomponerte.

No puedes perder un día donde la decepción se encarga de aclararte el panorama, porque créeme, lo hace.

Cuando te ocurra, acuérdate de quienes están, de quienes estuvieron. Ellos no sonrieron todo el tiempo, y mira qué legado dejaron en ti.

No eres una causa perdida por no sonreír,
eres causa y efecto de quienes un día sí te vieron hacerlo.
Si hoy no sonríes, no, no pasa nada.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de ©TEBO ]

No, no te quejes.

Me gustaría decirles algo a quienes ven este mundo como una basura, o sus vidas, lo mismo es.

Yo también me he sentido así, tengo días malos como todo mortal. También he estado bajo el fango, he tragado tanta agua como veces me he dejado llevar por la corriente. Y de todo esto, cuando se sale, ya no eres el mismo.

Ya no oyes como antes, sino que escuchas.
Ya no te dedicas a mirar, sino que ves.

Y aprendes, doblegado se aprende, dolorido se aprende.

A que si alguna vez piensas que vivir sale caro,
es porque no has pagado lo suficiente por no hacer nada.

No te quejes

A que si pretendes ser feliz siempre, te equivocas.
Pero si piensas que no lo serás nunca, será mortal.

No te quejes

A que hay personas por las que no pones la mano en el fuego,
sino el corazón, y claro, te lo devuelven calcinado. Tienes que saber que decides lo que te ocurre cuando te rodeas de ciertas personas.

No te quejes.

Aprendes a que nunca se es tan cobarde como aquella vez que tampoco. Porque señales te da la vida continuamente, y no has visto ni la mitad de ellas.

Así que por favor, deja de quejarte.

La vida nos mantiene secuestrados obligándonos a disfrutarla.
Y tú empeñado en idear un plan de fuga.

Atreverse,
es el único requisito que te exige la vida cuando te secuestra.

©Eloy Cánovas

[ Ilustración de Dan Cretu ]

Dijeron que no, que no podía.

Hace tiempo tuve una especie de eclosión mental,
al principio creía que era una fuerte migraña, pero no, qué va.

Resulta que antes de aquello, dijeron que no, que no podía.

Dijeron que no cubría las necesidades, que no había experiencia, que no estaba preparado, que me faltaba formación. No era una oportunidad para mi, habían otras personas mejor preparadas que yo.

Pero no hablaron de las ganas, no, de eso no hablaron.
Y claro, ahí le di la vuelta. O mejor, me di la vuelta para volver más tarde, con más ganas, más seguro, más cabezón si cabe.

Les demostré que no soy el mejor, pero podría ser el adecuado.
Que es cierto que no tengo experiencia, pero tengo todo lo que la experiencia necesita; un lugar donde desarrollarla.

Así que, puede que tenga miedo, puede que no sepa, pero no me digas que no puedo cuando me ilusiona la idea de conseguirlo.

Hoy estoy dentro, porque dijeron que no podía.

©Eloy Cánovas

[ La ilustración es de Enkel Dika, una maravilla. ]

Mitos y Dragones

Yo una vez tuve un dragón, no vomitaba fuego, pero hablaba. Para un adolescente, todo es lo que parece imaginar, vaya que si. Una pequeña lagartija alada, posada en el cabecero de mi cama.

Hablamos de muchas cosas, sobre la posibilidad de gustar a todos, de ser un orgullo y un ejemplo para ellos.

Esto será muy duro si no eres tú quien gustas -decía el dragón-. Lo vas a pasar bastante mal cubriendo lo que no eres.

Y claro, también hablamos sobre el amor ideal, la media mitad que tanto anhelamos. Sobre ese amor que trae todas las respuestas.

No encontrarás puzzles donde encajar -contestó-, sino puzzles que montar. Y eso es amor, ayudar a otros a montar tu puzzle. Ve olvidándote de medias mitades, que para mitos ya estoy yo.

No me olvidé de preguntarle sobre mamá y papá, cómo hacer lo que ellos hicieron. Con esa entereza, con tanta paciencia, porque la tuvieron.

Ahora ellos saben que la vida es una pulida colección de errores -decía-, que los mejores consejos para triunfar fueron antes errores sin madurar. Créeme, antes no lo sabían.

Te podría seguir contando cosas sobre dragones,
pero fui haciéndome mayor y no volvió aparecer.
Y ya sabes el porqué.

©Eloy Cánovas

Un legado que perdure mientras viva la memoria.

Papá, hoy he visto en tu piel que dudabas.
Se te han humedecido los ojos y has contenido el aire más tiempo que de costumbre. Llevas tatuada libertad en la piel, y aunque no fuera así, sé que eres un hombre libre. Y esto lo he aprendido de ti.

Sé que sufres cada vez que salgo por la puerta, pero quiero que sepas que soy yo, y que mi intención es siempre volver. Si cometo errores, volveré con ellos para pedirte consejo, pero necesito ir.

Si, esto lo he aprendido de ti.

Sé que sufres cada vez que vuelvo a casa, y me encierro directamente en mi habitación. Si, he tenido un mal día, y sé que esperas un tiempo antes de preguntarme. Cuando lo haces, lo haces con un bol de palomitas que tanto nos gusta, y claro, ahí me lo sacas todo, porque escuchas, escuchas muy bien.

Si, esto lo he aprendido de ti.

Sé que sufres cuando discutes con mamá, por mi. Ya no soy tan buena estudiante como antes, pero no sé a qué quiero dedicarme. Y tú de esto sabes mucho. Sé que me defiendes incluso sin argumentos, pero creo que ahora necesito quedarme quieta, sin hacer nada, para encontrar el camino que el ruido no me deja ver.

Si, esto lo he aprendido de ti.

Sabes que ya no pasamos tanto tiempo juntos, mis amigos vienen a buscarme a casa, ya no soy tan pequeña papá. He descubierto que hay un tiempo para todo, que no estamos para quedarnos con las ganas de nada. Y esto me lo has enseñado tú.

Si, lo he aprendido de ti.

Papá, sabes que hay días que me apetece estar sola, hoy es de esos días. Ya no estás aquí, porque te ha tocado marcharte. Es curioso, no quiero ver a nadie que no seas tú, solo tengo ganas de ti, las que tú siempre has tenido conmigo. Pero la realidad es muy distinta porque sé que no vas a volver. Todo es un recuerdo, porque ya no.

Hoy ya soy una mujer, mírame, aquí estoy.
Echándote de menos con un bol de palomitas, viendo una película a la que no estoy prestando ninguna atención, porque me tienes recapitulando cada conversación nuestra.

“Libertad es hacer lo que tienes que hacer, aunque te equivoques.”

Si, esto lo he aprendido de ti.
Gracias, siempre, papá.
💙

©Eloy Cánovas

*Nota mental:
Educar es dejar un bonito legado, que perdure mientras viva la memoria.*

Corazas

Hay un tratado universal sobre lo que acontece dentro,
poco se sabe de el, porque pocos nos dejamos tocar.

El corazón tiene su propio dialecto, se toca pero no se ve.
Es el único órgano capaz de sentir sin ser correspondido.
Y claro, luego pasa lo que pasa.

Llamamos abrazos al camino que nos conduce a el,
pero no sabemos cómo darlos, porque no son los brazos.

Sabemos rodear a las personas con ellos, y qué bien.
Pero no.

El tratado universal habla del corazón,
habla de tacto, habla de comunicar solo como él sabe, tocando.

Olvídate de los brazos, acerca tu coraza, vis a vis, una a otra.
Y ahora sí, usa los brazos y aprieta fuerte.

Así tú.
Así nosotros.

©Eloy Cánovas

Norte

He llegado a perder el norte intentando no perderlo.
Lo perdí por las anchas avenidas del sentido común.
Salió despavorido, cansado de estar bajo custodia.

Hasta que entendí que su hábitat natural es la libertad.
La libertad de ir al Sur por un impulso, o por amor.
Libertad de volver a casa en cualquier momento,
porque siempre encuentra el camino de vuelta.

Y es por estas cosas, que el Norte te enseña si le dejas.

Te enseña que en tu sano juicio,
puedes cometer una locura que te devuelva a la vida.

©Eloy Cánovas

Cansancio

Estoy cansado, cansado de tantos estereotipos,
de tantos estigmas, de tanta ideología de ultratumba.

Cansado de lo que ignora la heterosexualidad pero no calla.
Cansado de lo que calla la homosexualidad porque sabe.

De que el sueño de la mujer sea encontrar al hombre perfecto,
en lugar de sentirse perfecta con alguien que le ayude a serlo.

Cansado de hablar de cicatrices,
y no hacerlo con las caricias que también dejan marca.

Por cierto, traigo muchas ganas de verte.
Abre.

©Eloy Cánovas

Arrojar luz sobre lo que nos duele.

Ojalá arrojáramos un poco de luz sobre lo que no sentimos,
sobre aquello que también nos define, aunque nos duela.
Y no, no pasa nada porque amanezca sobre lo tibio.

He sido engullido por lo que no sentía, aparentando lo contrario.
Porque lo contrario no es sentir, aunque lo parezca, aunque apetezca.

No conozco nada más idealizado que lo nuestro con el amor,
nada más maltratado que un *te quiero* con la boca llena.
Lo soltamos así, a quemarropa, y sin sentir(lo).

Esto lo he aprendido ahogándome con uno que no sentía.
Cuando al decirlo, escuché el silencio de después.

Debía contártelo,
debías saberlo.
Porque ocurrió.

©Eloy Cánovas