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Arrojar luz sobre lo que nos duele.

Ojalá arrojáramos un poco de luz sobre lo que no sentimos,
sobre aquello que también nos define, aunque nos duela.
Y no, no pasa nada porque amanezca sobre lo tibio.

He sido engullido por lo que no sentía, aparentando lo contrario.
Porque lo contrario no es sentir, aunque lo parezca, aunque apetezca.

No conozco nada más idealizado que lo nuestro con el amor,
nada más maltratado que un *te quiero* con la boca llena.
Lo soltamos así, a quemarropa, y sin sentir(lo).

Esto lo he aprendido ahogándome con uno que no sentía.
Cuando al decirlo, escuché el silencio de después.

Debía contártelo,
debías saberlo.
Porque ocurrió.

©Eloy Cánovas

No te creo

No creo a quien practica sexo por deporte, como si pudieras elegir con quién abrirte en canal, como si supieras quién trae hueso, espinas o mariposas.

No creo a quien folla sin besar, así, como si no quisiera saber nada, como si empujar y que te empujen no contara como eclosión. No, no te creo.

No creo en ese afán de demostrar lo que nadie cree, arrugar sábanas y hacer como si nada, cuando es todo. Te arrugas y te haces ruinas por dentro para no hacer ruido fuera, claro, te crees que nadie se da cuenta.

No creo a quien pide que no le pidan después, a quien entona un ultimátum obligándote a olvidar, así, como si nada hubiera pasado, como si el olvido estuviera adoctrinado.

No creo a quien se deshace del sudor que alguien dió por ti en el primer desagüe que encuentra, como si temiéras recordarlo. Demasiado tarde.

No creo a quien no sucumbe a un striptease cardiovascular, a quien despierta tras una noche de sudor y aliento porque se le hace tarde, a quien no espera al desayuno dejando las sábanas huérfanas.

Pero claro, tú y yo sabemos la verdad. Sabemos que te llamas soledad, que duermes con quien no sueñas, que finges nada cuando es todo. Que eres lo que piensas que eres, porque no te creo.

Créeme,
nada está tan cerca como cuando cierras los ojos.

©Eloy Cánovas

Di sí a todo lo que queda por sentir.

No digas ven, di ✔te espero.
No digas vete, di ✔me voy.
No digas te quiero, di ✔creo en ti.
No digas te odio, di ✔adiós.
No digas nunca, di ✔gracias.
No digas siempre, di ✔gracias. (Otra vez)
No digas hazlo, di ✔haznos.
No digas te necesito, di ✔me encantas.
No digas bésame, no, no digas nada. ✔

©Eloy Cánovas

(Fotografía de Iván Carbonell)

Tenía que decírtelo.

Hoy he empezado mal el día, así,
con las ganas tiradas por los suelos.
Ellas correteando por toda la casa,
entre mis pies, de aquí para allá.

Hasta que he tropezado con ellas,
y claro, he besado la lona.

Ahí tirado, me han pintado la cara,
se han comido mi desayuno,
me han revuelto el pasado,
y han acabado dejándome un recado.

“Lo que para ti es un problema,
es el sueño de otra persona.”

Tenía que decírtelo.

©Eloy Cánovas

¿Sabes?, hueles a desesperanza.

¿Sabes?, hueles a desesperanza.

Cuando ya no te desnuda sin quitarte la ropa, hueles.
Cuando duermes con quien no te sueña, hueles.
Cuando solo te dice que te quiere, hueles.
Cuando ya no besa lento sin arrugar las sábanas, hueles.
Cuando el cuarto oscuro de la casa eres tú, hueles.
Cuando la nostalgia es tu mejor analgésico, hueles
Cuando cierras los ojos y no se queda dentro, hueles.
Cuando huele a humo de otras brasas… Abre los ojos.

Esa intuición que no se equivoca, y que sabe que ha dejado de amar cuando ya no hay NADA que quiera decir.

©Eloy Cánovas

Puede que tú y yo, también.

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Libro: “Carrete velado” de Irene G Punto

Nunca se es tan cobarde como aquella vez que tampoco.

Puede que un error de corazón sea un mal menor.
Puede que echarte de menos implique sujetarse fuerte.
Puede que tú seas tú, y yo quiera de eso.
Puede que quiera saber de ti, por ver si tú.
Puede que de la calma al abismo solo haya un ven.
Puede que el miedo nunca deba ser excusa para no ser feliz.
Puede que los valientes mueran antes, pero viven más.

Y es por estas cosas que el amor es quemarse y quemar.

©Eloy Cánovas

Ojalá, ojalá…

Microdesnudos

Imagen; un merkami de microdesnudos

Ojalá nos conmoviéramos por estar vivos.

Porque lo que te da miedo también te tiene miedo.
Porque el cuarto oscuro de la casa eres tú.
Porque no todo lo que brilla es ausencia.
Porque la nostalgia es la madre de todos los vicios.

Pero ojalá, ojalá seamos tan honestos como cuando tenemos las manos frías. Ojalá seamos tan valientes como para dejarnos querer.

Sí, mira, todo eso que amas también eres tú.

©Eloy Cánovas

Qué-da-te

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Quédate con quien no sabe.

Que no sabe que te quiere,
que no sabe que te hace reír,
que no sabe que te sueña.

Que parece que no sabe,
pero sabes que lo hace.

©Eloy Cánovas

No olvides dedicarle más vida al tiempo

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Que no se te pase hablar de sueño sin pensar en dormite.
Que lo prometido no es deuda, es neura; cumplelo.
Que el amor sin amor, el café sin cafeína, el postre sin dulce y así, la vida va muy amarga.
Que la mayor locura que puede hacerse por amor es salir ileso.
Que en ningún sitio estarás mejor que “esperando a que se me pase”.
Que disfrutar de los pequeños detalles es lo de más.
Que la constancia sirve para algo más que mantenerte ocupado.
Que no olvides dedicarle más vida al tiempo.
Que quedarte al margen es un truco de belleza infalible.
Que hacer las cosas en su justa medida lo hace todo más mediocre.
Que cuanto menos sepan de ti, más sabrás de los demás.

Vamos, que no es por arruinarte el final, pero todo va a salir bien.

©Eloy Cánovas

 

Tu (la) sonrisa

Libro “La amplitud de una nevera americana” de Pedro Andreu

A la vida hay que sacarle los dientes;
unas veces para sonreír
otras para morder
y casi siempre para comerte el mundo.

No hay mayor escultura que la que dibujan tus labios cuando ríes, ni mejor escultor que tu propia felicidad.

©Eloy Cánovas