No te creo

No creo a quien practica sexo por deporte, como si pudieras elegir con quién abrirte en canal, como si supieras quién trae hueso, espinas o mariposas.

No creo a quien folla sin besar, así, como si no quisiera saber nada, como si empujar y que te empujen no contara como eclosión. No, no te creo.

No creo en ese afán de demostrar lo que nadie cree, arrugar sábanas y hacer como si nada, cuando es todo. Te arrugas y te haces ruinas por dentro para no hacer ruido fuera, claro, te crees que nadie se da cuenta.

No creo a quien pide que no le pidan después, a quien entona un ultimátum obligándote a olvidar, así, como si nada hubiera pasado, como si el olvido estuviera adoctrinado.

No creo a quien se deshace del sudor que alguien dió por ti en el primer desagüe que encuentra, como si temiéras recordarlo. Demasiado tarde.

No creo a quien no sucumbe a un striptease cardiovascular, a quien despierta tras una noche de sudor y aliento porque se le hace tarde, a quien no espera al desayuno dejando las sábanas huérfanas.

Pero claro, tú y yo sabemos la verdad. Sabemos que te llamas soledad, que duermes con quien no sueñas, que finges nada cuando es todo. Que eres lo que piensas que eres, porque no te creo.

Créeme,
nada está tan cerca como cuando cierras los ojos.

©Eloy Cánovas

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